El acto tuvo lugar en la sala multiusos «María Arredondo» del Centro Cívico de torrero, en la ciudad de Zaragoza y la acogida fue más que estupenda. Extraordinaria. Asistieron más de noventa personas que arroparon a esta escritora que irrumpe con fuerza, con una voz propia y diferente, en el panorama poético actual y lo hace con este título donde publica cincuenta y un poemas a lo largo de ochenta y tres páginas.
Lo hace con una fuerza insólita en una autora hasta ahora inédita y como resultado de toda una vida escribiendo y leyendo, pues el libro está cuajado de citas y guiños a otra lecturas con las que la autora ha nutrido su personal estilo. Inaugura el poemario con un aviso para navegantes:
«Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea.
Es el calor de otras mujeres»
Esta cita, de Alejandra Pizarnik, abre la primera parte del poemario: «El fango de mis alas». Y son muy apropiados los versos de Pizarnik pues Lourdes, a lo largo del poemario, reconstruye su identidad como mujer pero también se convierte en voz de otras mujeres que no pudieron gritar, que tal vez todavía no pueden hablar, convirtiéndose en grito unánime. En solidaridad que es sororidad.


Lourdes habla para sí misma, para la niña que fue, para la madre que es y para la niña del futuro, para la mujer del mañana. Teje, verso a verso, un peregrinaje que parte del dolor para desembocar en una segunda parte más luminosa y esperanzadora que titula: «Trinos en mi pecho». Aquí, las alas enfangadas del comienzo consiguen sacudirse el pasado y al fin, elevar el vuelo y respirar en libertad. Las alas están muy presentes en todo el libro, desde el cuervo del comienzo a la alondra del final pasando por las mariposas y otras aves sobrevolando un itinerario de liberación.
De hecho, en la página ochenta, donde encontramos el poema «Mariposa», vemos también una fotografía de Charlie Django que lo ilustra, un detalle minimalista que, sin embargo, embellece el poemario y sorprende gratamente al lector. Otro detalle, sin duda, es la portada del libro. Podemos encontrar en ella una pintura del artista zaragozano Juan Luis Borra, colaborador de El eco de los libres desde sus inicios en la revista cultural homónima. Todo el libro es un diseño gráfico de Kike Ubieto.
Decíamos que el 5 de diciembre se presentó este poemario en Zaragoza, siendo un éxito de asistencia. Pues bien, para el que no pudo estar, narraremos algo de lo que allí se vivió. El acto comenzó con la voz y la guitarra de Richi y los Richis (Ricardo Pérez) interpretando el clásico de The Beatles «While my guitar gently weeps». Acto seguido se presentó el libro con la participación del editor (y el que esto os escribe) y de Carmen Aliaga, autora del prólogo del libro.
La participación de Carmen estuvo llena de calidez, de conexión entre ambas escritoras. Carmen Aliaga también leyó algún poema del libro y también un poema propio perteneciente a su libro «Jaula de grillos». Hubo lectura de poemas a cargo de Lourdes Alhajas y una breve intervención de poesía y música entre Richi y la autora. El momento más entrañable y emotivo de la presentación llegó cuando la autora leyó «Las manos de mi madre» precisamente para su madre.
El acto terminó con la canción «Desorientado» de Richi y con la firma de libros de la autora. Ahora, «La seda de nuestros cuerpos» ya está disponible en vuestra librería habitual y por supuesto en esta web. Como editorial, estamos muy contentos y nos sentimos muy afortunados al haber podido editar el primer poemario de Lourdes Alhajas. Gracias, Lourdes, por hacernos partícipes de este camino hacia la libertad.
Dejamos ahora un poema del libro.
ELLAS
Son mi aliento y mi último hálito.
Son lo permanente, lo fiable,
lo directamente proporcional
y la siempre constante.
Fuera de ellas
todo se hace eco
y es hueco.
Sois mi hilo rojo al mundo.
El deseo de un orden entre tanto alboroto.
Sois el pan que me alimenta y comparto, aunque
no quiero.
Sois el amarre a la cordura
porque el resto es caótico.
Sois cemento cuando todo se hace polvo.
Sois yo misma
cuando en la noche
la herida escuece tanto
que elijo desaparecer
y huir del sangrante llanto.
Son vuestros pasos los que hago míos,
cuando mi camino ya no lleva a ningún sitio.
Porque el destino sois vosotras
y el camino ha desaparecido.
