Potencias Poéticas

Tlalpan, Ciudad de México, Invierno del 2026

Más allá de los no pocos “dimes y diretes” y de la atávica “Leyenda Negra” que registra la siempre tendenciosa trayectoria histórica, así como de acusaciones y reclamos atemporales que han surgido -y que seguramente seguirán surgiendo a nivel histórico entre México y España -existen verdades contundentes que nos ligan y entrañan a las dos naciones más allá del mestizaje y del lenguaje.

Esta verdad, entre otras más, lo viene a ser la Poesía, sí, con mayúscula. Porque si algo poseen desde siempre España y México, es una vasta, vastísima y persistente producción de excelsas voces poéticas a través del ineludible y cambiante devenir del tiempo.

Sino, pensemos por ejemplo en San Juan de la Cruz, Miguel de Cervantes Saavedra,
Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Tirso de Molina, Luis de Góngora, Jorge Manrique, Garcilaso de la Vega, Pedro Calderón de la Barca, José de Espronceda, Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado, León Felipe, Luis Cernuda, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Rafael Alberti, la prosa poética de Francisco Umbral, José María Valverde, Miguel d´Ors, Jaime Chávarri, Luis García Montero, Jon Juaristi, Juan Carlos Mestre, Blanca Andreu, Juan Antonio González Iglesias, Andrés Neuman, Erika Martínez, Remedios Sánchez… por sólo citar algunos que dan cuenta de una genuina, excelsa y fecunda vena poética ibérica, cargada de simbolismos, alegorías, metáforas, formas y estructuras propias de cada reino, provincia y ciudad.

Motivos atemporales como Dios, la muerte, el amor, el desamor, el destino, la melancolía, la soledad, el país, la naturaleza, pueblan sonetos, odas, elegías, cantos y romances. Cada poeta con su particularísima voz propia, henchida ésta de gozo, exaltación o dolida y cruenta desolación hasta las mismas sombras de la desesperanza. El abanico de emociones es casi infinito, multiforme y cambiante.

Ahora bien, con relación a México, cuya producción no es menor ni en cantidad ni en calidad, tenemos al tlatoani Nezahualcóyotl, el caso de esa figura enigmática y sorprendentemente precoz y lúcida que fue Sor Juana Inés de la Cruz “la Décima Musa”, Juan Ruiz de Alarcón, Carlos de Sigüenza y Góngora, Luis de Sandoval, José Joaquín Fernández de Lizardi, Amado Nervo, Manuel Gutiérrez Nájera, Luis G. Urbina, José Juan Tablada, Enrique González Martínez, Ramón López Velarde, Manuel Acuña, Salvador Díaz Mirón, Renato Leduc, Manuel José Othón, Juan de Dios Peza, José Juan Tablada, Xavier Villaurrutia, Rosario Castellanos, Margarita Michelena, Salvador Novo, José Gorostiza, Octavio Paz, Juan José Areola, Elena Garro, Eraclio Zepeda, Jaime Labastida, José Emilio Pacheco, Rodolfo Naró, Etzael Álvarez, Antonio Andrade, también por sólo citar algunos.

Las emociones son las mismas, los tratamientos similares debido al lenguaje y a los procesos religiosos compartidos, pero también existe esa particular idiosincrasia propia de cada nación, con esa enorme cantidad de características y circunstancias que las diferencia una de otra.

Es muy beneficioso que entre ambas culturas-naciones existan y prevalezcan algunas singularidades que las une y hermana más allá del papel y la tinta. El lenguaje, claro está, como ese maleable elemento primordial expresivo y comunicacional; un mismo credo religioso cuasi omnipotente el cual subyace en el inconsciente de la mayoría de los poetas arriba citados, amén de un sin número de cercanías culinarias, textiles, artesanales y fabriles. Nos une, así mismo, una muy similar manera de “formar-educar” a las familias, de preferencias y apetencias por la buena comida y bebida, de aficiones tan peligrosas y polémicas como la tauromaquia, la pasión y euforia por el fútbol, de perpetuar y reconocer en buen porcentaje a los “matriarcados lineales” en las sociedades, a la par de perpetuar la venerable y respetuosa postura de reconocimiento hacia los “señores de la Casa”. Así mismo algunos prejuicios sexuales caducos y oxidados, el gusto sincero y mordaz por el chismorreo-cotilleo entre dientes, y más y más paralelismos que me resulta inútil e imposible destacar en este breve espacio que nos ocupa.

El caso es que ambas potencias poéticas, España y México -quiero pensar convencido y confiado- habrán de seguir concibiendo y produciendo versos de altísima hechura que continuarán emocionando y sensibilizando a millones de lectores por venir de diversas edades y exigencias estéticas más allá de las fronteras geográficas y lingüísticas.

Así sea.

Autor/a

Alejandro Herrera Parra

Escritor, Editor y Compositor Mexicano, corresponsal cultural en Londres (1990 – 1994), catedrático en Psicología, Historia del Arte, Creación Literaria, Historia de la Música y Español, en distintas instituciones académicas de México.