Era una tarde como cualquier otra, vaya, nada de particular, yo me bebía una cerveza en la terraza de siempre en la Magdalena, cuando de pronto, una pintada en la pared, llamó mi atención… “pin pan punk”… decía, y pensé, menuda manera sería esa, para comenzar una poesía.
Porque siempre -llámame loco si así lo prefieres- me ha gustado hallar poesía en cualquier sitio y rincón.
Y aquella frase, me hizo pensar que, aunque suene descabellado decirlo, incluso en el punk, puede encontrarse, porque tanto el uno, como la otra, poseen su raíz en la transgresión de la mentada norma, golpean desde adentro ese pandémico modus vivendi llamado moda, subvierten el lenguaje, lo enriquecen, desafían la realidad, regurgitan todo aquello que presuma ese carácter banal al que estamos acostumbrados y, a partir de una visión genuinamente proletaria, trabajadora, sencilla y cercana -es decir… humana-, resisten a toda costa.
El Punk, como la Poesía, son resultado de esa postura inconforme que hace frente a un mundano mundo plagado de exigencias innecesarias, de resultados falsarios, de conformidades cotidianas, de vociferares sin sentido.
Ambas protestan -cada una a su urgencia y modo-, ambas poseen y presumen la crudeza implícita de este ejercicio -por veces intransitable, coartado, desvencijado- de vivir y, ambas, cuasi orgánicamente, canalizan el pensamiento, hacia la verdadera rebeldía.
En otras palabras, ya sea por conducto de las voces de Patti Smith, de Oliverio Girondo, de Joe Strimmer, de Robe Iniesta, de Charles Bukowski o de Mario Benedetti – entre ese nutritivo ejército de creadores más -, la poesía no se limita a los amores, a los desamores, al despertar desde y hacia la maldita / bendita realidad, o a la ensoñación.
La Poesía, al igual que la música Punk, es un ente vivo que funge como el canal apremiante de esta humanidad, de las que fueron raíz y de las que, a pesar de todos y de todo, nunca dejarán de florecer.
Charremos de poesía, leedora querida, leedor apreciado.
Antonio Andrade
Poeta y Escritor mexicano.