Mérida, Yucatán – MéXico
Hace algunos días la política madrileña Isabel Díaz Ayuso estuvo de visita en México, se dice que para apuntalar algunos extraños eventos que pretendían ensalzar, recordar u homenajear —nunca supe bien qué—, la memoria del conquistador peninsular Hernán Cortés. Esta visita coincidió, “casualmente”, con la puesta en escena de un musical escrito por un cartucho quemado de la antigua “movida madrileña”: Nacho Cano… la pieza en mención lleva por título: “La Malinche, el musical”… sugerente, ¿no?
Entre el reparto de dicha obra figuraba Zunzu… Sí, leyó usted bien, amable lectora, lector querido: Zunzunegui, el lunático —pero muy astuto– revisionista histórico que tuvo la desfachatez (nada inocente) —entre otras varias— de afirmar que el fascismo tenía su origen histórico en los incipientes movimientos de la izquierda socialista de principios del siglo pasado; “si hay quien piensa que la tierra es plana, habrá entonces quien dócilmente se tragará esta rueda de molino”, seguro así pensó el manipulador hispanista. En fin, curioso cóctel de bizarros
personajes encarnando sucesos no menos peculiares en un país, ya de por sí, surrealista. Hagamos un recuento: el oportunista y experto manipulador, Juan Miguel Zunzunegui, un vende humo histórico debutando en su improvisada faceta de actor, mismo que pseudoactua una obra que nos vende una visión ridícula, reduccionista y edulcorada de la conquista de México; un músico en decadencia —Nacho Cano, el ex de Mecano—, hoy mejor conocido por su nuevo seudónimo literario: ‘Facho Cano’, debutando como improvisado dramaturgo y productor teatral, y pa’romper el cuadro: la cerecita del pastel: la ultraderechista ‘fasistoide’, presidenta de la comunidad de Madrid, de apellido Ayuso, gastándose los recursos del contribuyente hispano para viajar a un país pseudoizquierdoso (sí, leyó usted bien: pseudoizquierdoso) a intentar colocar su agenda fascista en medio de la peor crisis narco-política de un país sumido en uno de sus momentos históricos más oscuros.
Por supuesto esta conjunción caótica de hechos y personajes, en principio inconexos, no fue casual, forman parte de la avanzada, en Latinoamérica, de un proyecto global de la extrema derecha que busca (y lo está consiguiendo) sumar adeptos (pobres de derecha) qué denosten, desde su inducida ignorancia, a lo que quede de los movimientos de la izquierda socialista.
Dicho de otra forma: intentan borrar de la faz del planeta cualquier atisbo de política que tenga algún tufo socialista. Ayuso representa, además, y en comunión con esta agenda global, a un movimiento hispanista hegemónico que pretende la reivindicación e incluso, de ser posible, la reinstauración del antiguo imperio
español extractivista, o sea: un auténtico proyecto neocolonialista impulsado a través de la simulación cándida y perversa de una hermandad histórica entre España y México, —misma hermandad que debería existir, por supuesto, pero nunca bajo los términos falaces del fascismo—. El caso es que el diablo los engendra y los intereses perversos, junto con el efecto Flynn inverso, los juntan.
Pero retomemos la otra falacia que significa afirmar que el gobierno actual de México es de izquierda. Hay quien mañosamente afirma que el espectro izquierda‐derecha no existe más, pues ya no describe los complejos
entramados político-ideológicos imperantes en la actualidad, esto daría para otro análisis, así que obviaré tal discusión, por ahora baste repetir que es mañosa tal afirmación. Desde las Izquierdas, derechas, centro-izquierdas, social-democracias, terceras vías, etc., todo aparece como un espectro de colores… algo así como sabores de helado en una nevería ideológica. México nunca ha probado de un solo sabor, dicho de otra forma, nunca ha sido un país verdaderamente comprometido, desde sus gobiernos, con algún rango del espectro ideológico, por lo tanto la izquierda en México, como tal, nunca ha llegado al poder, esta se quedó, en su versión más radical y Maoísta, en las montañas de Guerrero, con un Lucio Cabañas asesinado y olvidado, o en su versión más hípster, en la selva chiapaneca entre fusiles de madera y comunicados intelectualoides de un líder mediático y deseoso de material pornográfico, se quedó también, en su versión light, entre el intento de luchas obreras y universitarias dibujando ‘Ches’ troquelados en los muros… y al final, ya despojada de toda esencia, la pseudoizquierda ascendió al poder enarbolando una falsa bandera socialista.
Ejemplo de esto último: la actual presidenta Sheimbaun, misma que en su juventud integró movimientos de izquierda estudiantil, esa izquierda en su fase más domesticada. Hoy, en los posmodernos gobiernos mexicanos, de esa ideología izquierdista no queda más que una simulación en pos de intereses sectarios y ego maníacos de
poder y recursos. Si tuviéramos que nombrar a México dentro de algún espectro ideológico yo propondría llamarlo: gobierno simulador, populista y reaccionario, practicante de una especie de veletismo político. Solo bajo esas premisas, —por ejemplo—, se puede explicar cómo, por décadas, México pudo coquetear hasta casi el amasiato con el régimen comunista de la revolución cubana, y al mismo tiempo sostener una relación entreguista y pasional con el imperio del norte…
En ese país de “veletismo reaccionario”, pero con falsa bandera izquierdista, aterrizó Ayuso con su agenda fascista- neocolonial- extractivista, esa sí real; ambos polos perversos se toparon y no pudieron menos que hacer tremendo corto circuito… Imaginen la escena: ¡Ayuso, montada en su caballo, vestida con yelmo y armadura y portando la bandera imperial rojigualda con la frase impresa de: “Dios, Patria y Familia”, teniendo que recular con todo y ballestas y arcabuces ante el terrible embate del ejército mexica integrado por cientos de falsos indigenistas: morenos (otros no tanto, más bien rubiecitos) de torso desnudo ataviados con penachos, portando lanzas, escudos y macahuitles, danzando amenazantes al ritmo de improvisados tambores… ¿acaso la izquierda en su versión más autóctona? Porque hay que decirlo, incluso a riesgo de darle cierta dosis de razón al falaz Zunzu (quien es experto en utilizar verdades a medias pa’engatuzar ingenuos), nadie ha utilizado con más
perversión a los indígenas en el México “moderno” (y no tan moderno), que sus propios gobiernos al amparo manipulador de un falso indigenismo…
Pues bien, entre esos amenazantes penachos emplumados la Ayuso en armadura tuvo que suspender intempestivamente su penoso intento de reconquista, igual que hizo su paisano cientos de años antes en aquella “noche triste” (o alegre, según quien la vea y entienda), no sin antes ir a lloriquear un poco, —no como Cortés, al pie de un añoso árbol en Tacubaya, tal como cuenta la leyenda de libro de texto gratuito— sino a la Ribera Maya, aposentada en una cómoda tumbona al pie de una tropical palmera, mientras se bronceaba un poco y bebía un coco con ginebra en playas de blanca arena y aguas color turquesa.
Así es, apreciable lector, la historia no se repite, pero como suele rimar, diría el multicitado Zunzu. Ayuso regresó lloriqueando y con la cola entre las patas — aunque muy bronceada— mientras pseudo indigenistas gritaban jubilosos, sin dejar de danzar, tras la parcial victoria: “muerte al gachupin”, esto al tiempo que los verdaderos indígenas eran (y son) masacrados y desplazados de sus territorios y comunidades por la delincuencia ante la mirada omisa, y yo diría: cómplice de gobiernos y autoridades. ¡Ay, ese México perverso de dobles discursos, simulaciones y estereotipos!
Quien no reculará, porque ya respira entre nosotros, es el neofascismo disfrazado de un conciliador discurso de hermandad y buenas intenciones… o ya cínica y descaradamente aventando bombas e improperios al más fino
estilo Trump. El mundo sufre esta nueva pandemia (en principio de ignorancia y estupidez), para la cual la única vacuna disponible es una mente bien despierta a través del pensamiento crítico y la difusión de una realidad que
pretende ser acallada en estos tiempos digitales de olvido e ignorancia, de déficit de atención, de deterioros cognitivos, de protagonismos egomaniacos, de polarizaciones estratégicas y revisionismos que falsean verdades para una llamada “sociedad civil” (sea lo que sea que esto signifique) nunca tan proclive a ser usada y manipulada en la consecución de sectarios intereses.
Nada de esto es nuevo, es la historia del mundo que, sin repetirse, rima y rima… lo peligroso hoy en día es la sofisticada metodología de estrategia y control basada en tecnología alienante, adictiva y embrutecedora. Si no comenzamos a intentar recuperar nuestra maltrecha capacidad cognitiva y de atención, muy pronto no seremos más que autómatas biológicos sometidos al designio de algun extraño algoritmo fascista, qué ni su programador logrará explicar, comprender o detener…
La historia no se repite, pero siempre rima en consonantes, a veces, muy disonantes.