Era una mañana como cualquier otra, vaya, nada de particular, decidí salir a dar un paseo con la Nahuala, mi bicicleta, y dirigí mis pedaleos hacia Juslibol, pensando que, habiendo llegado ya los calorcitos amables de la primavera, las nopaleras -las chumberas-, ya tendrían hojas jóvenes y carnosas para ser recolectadas -porque los mexicanos somos muy nopaleros, pero en serio, mucho muy nopaleros-
Y en efecto, la verdad me asistió, había nopales, así es que, como cada año, me dispuse a lo que tocaba, solicité permiso a las nopaleras para robarles algunos brotes, desenfundé mi cuchillo y comencé la faena.
La zona suele estar siempre desierta, finalmente, no hay tanto que ver por esos lares, pero esta mañana, curiosamente, un señor entrado en años, exploraba la zona con una cámara fotográfica entre las manos, fotografiaba las curiosas flores de aquellos curiosos e inusuales cactus y, tras un par de intercambios de miradas e, imagino que carcomido en su curiosidad por mis afanes, se acercó a preguntar sobre los mismos.
Así fue como conocí a Teodoro, el párroco del poblado, quien, entre amables dimes y acertados diretes de todo un poco y un poco de todo, me sorprendió con un concepto que llevo años debatiendo con mi gran amigo y hermano de andanzas Rafael… “las religiones tienen su cuna en el miedo, en lo desconocido, así es como se creó el concepto de los dioses”
Y ya sabes cómo soy yo, que me la vivo encontrándole la polvareda poética a todo cuanto se atraviesa en mi camino, que pensé… “y, ¿qué sería de la humanidad, si ese tan gastado y mal sobado concepto de dios, se hubiera ligado a la poesía desde su base primigenia?”
Y no sé tú que opines al respecto, querida leedora, leedor de mi corazón, pero me atrevo a pensar y me aventuro a creer que, desde ese reducto cuasi filosófico, quizás las interminables y nefandas corrientes religiosas, bien habrían -o quizás podrían-, explicar todo lo aquello que ha escapado a la lógica y a la razón de esta animalada mal llamada humanidad, desde la que vamos, cotidianamente, destrozándolo todo a nuestro alrededor.
Supongo que Teo no podrá nunca explicarlo, que probablemente yo, jamás alcanzaré a comprenderlo, pero, imaginarlo, ciertamente, no dejará de ser un hermosísimo ejercicio que conlleve entre sus guerras, sus genocidios, sus persecuciones, sus broncas, sus desplazamientos y todo eso que está ligado al eterno pleito religioso que nos caracteriza como especie, a un utópico paraíso existencial, en el que la diosa Poesía, reine sin miramientos por sobre todas las huestes y las cosas y los asegunes de esta gran piedra sobre la que habitamos.
¿a poco no?
Charremos de poesía chingau!!!
Antonio Andrade
Poeta y Escritor mexicano
Foto de portada: Antonio Andrade (Juslibol – verano 2024)